Hola, me llamo Senda y soy una gatita de un año y medio. Me encontraron en la Riera de Caldes en agosto del 2011 junto con mi hermano.
Me llevaron a una casa de acogida en Palau de Plegamans donde vivíamos con otros gatitos y un perro y donde mi dueña me trataba como una princesa ya que yo era su preferida.

Después de un par de meses de vivir con allí y de que nadie me adoptara, llegó Albert a vivir a Caldes. Albert no tenía ningún animal en casa, ni había tenido nunca ninguno, pero quiso adoptar uno en Caldes Animal. Entonces se puso en contacto con la protectora y le dijeron que en Palau había dos gatitos en adopción y nos vino a ver.

Nos llevaron a mi hermano y a mí en una caja y dentro de una furgoneta nos presentaron a Albert. Yo como soy muy lista, después de que mi hermano saliera disparado de la caja, salí y me tumbé encima de Albert y después de unas caricias me quedé dormida encima de él. ¡Había conseguido ganármelo a la primera! Tras babear un rato conmigo, nos dijo que al día siguiente me vendría a buscar. Y así fue, al día siguiente me llevaron al veterinario y me pusieron el chip y Albert me llevó a su casa.

Mi nombre, Senda, tiene una historia curiosa: el día de antes de adoptarme, Albert no tenía nombre para mí y buscando libros por casa para buscarme nombre, se le cayó en la cabeza el CD de Senda ‘91 de Héroes del Silencio. Después de recuperarse del golpe y coger el disco, se le ocurrió la idea de ponerme Senda como nombre.

Al día siguiente, al llegar a mi nueva casa, tenía un poco de miedo y me quedé debajo del sofá de la que iba a ser mi habitación, pero poco a poco conforme pasaron los días nos hicimos muy amigos. Jugábamos mucho con mis juguetes y a veces al escondite –de hecho yo me escondía hasta hacer desesperar a Albert, que no me encontraba nunca, y luego salía y le pegaba un par de lametazos- y me dejaba hacer de todo: dormía encima de su almohada, me comía su comida cuando estaba distraído y le rompía vasos y copas cuando se descuidaba. También me comí todos los cables que pude del comedor, que aunque estaban escondidos, me las apañaba para morderlos. Albert siempre dice que soy muy revoltosa.

Más adelante llegó Marta, mi dueña, que me mima mucho, porque Marta tiene una gatita que se llama Mumu y le gustan mucho los animales. A veces me venían las dos a ver. Con Mumu nos peleábamos mucho pero en el fondo éramos amigas.
Un tiempo después llegó una bolita muy pequeña que se llama Elvis. Elvis es un gatito que tenía un mes y que mi dueño también adoptó y se fue a buscar a Tarragona. También adoptaron a Pika, la hermana de Elvis –que a su vez son hermanos de madre de Mumu- y que vive con los papis de Albert.

Elvis era muy guerrero y siempre me estaba persiguiendo, pero como me gusta mucho correr y saltar, nunca me pillaba. Yo lo cuidaba mucho y dormíamos juntos en cualquier parte. Mientras era pequeñito lo lavaba y lo vigilaba siempre porque era muy revoltoso y un poco torpe.
Con el tiempo, Elvis –que se llama así porque siempre que va en coche se pone a cantar antes de marearse- se ha vuelto un gato muy pachón y le encanta estar tumbado en el sofá o en la cama de nuestra habitación y no para de comer. Todo lo contrario a mí, que no paro de correr y saltar en todo el día.
Cuando pensábamos que éramos los reyes de la casa –de hecho lo seguimos siendo- Albert y Marta nos dijeron que se iban a Castellón a buscar nosequé bicho que iban a sacrificar si no lo adoptaba nadie.

Y en estas que llegó Enzo.

Enzo es un perro, cruce de Labrador y Beagle, que llegó a casa con cinco meses. Cuando llegó y nos vio estaba un poco asustado y yo le fui a dar la bienvenida.  A Elvis no le gustó tanto y le bufaba mucho.
Pero con el tiempo nos hemos hecho todos muy amigos. Enzo y yo corremos todo el día de arriba abajo y nos perseguimos por todos los sitios. Elvis le da collejas a Enzo porque no quiere que se suba a su sofá –se ha apoderado del sofá del comedor- y porque no le gusta jugar tanto como a mí.

Esta es mi familia y vivimos muy felices todos juntos, aunque yo sigo siendo la princesa de Albert, que me sigue permitiendo todo y sigue sin reñirme cuando rompo algo.

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